En el marco del Día Mundial de la Tuberculosis, investigadores uruguayos participan en una iniciativa internacional que apuesta a la vigilancia genómica para entender y controlar la transmisión de la enfermedad en contextos de migración

Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, una enfermedad que, lejos de estar erradicada, volvió a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria global. Según datos del 2023 después de la pandemia de COVID-19, la tuberculosis volvió a ser una de las principales causas de muerte por un agente único infeccioso. Se registraron 10.8 millones de nuevos casos, su mayor carga en hombres adultos (55%), mientras que en mujeres adultas (33%), y el restante (12%) correspondió a niños.

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria llamada Mycobacterium tuberculosis, que afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos como los riñones, el cerebro o la columna vertebral. Se transmite de persona a persona a través del aire, cuando alguien con tuberculosis activa en los pulmones tose, habla o estornuda. 

Sin embargo, no todas las personas infectadas desarrollan la enfermedad: muchas pueden portar la bacteria en forma latente durante años sin presentar síntomas.

Esta enfermedad está fuertemente asociada a condiciones de vida vulnerables. Factores como: el hacinamiento, la pobreza, el acceso limitado a los servicios de salud, la desnutrición, entre otros, favorecen a su propagación y dificultan su control.

En este contexto, Uruguay, a través de investigadores de la Facultad de Ciencias, forma parte de un proyecto internacional que busca mejorar la vigilancia, el diagnóstico y el control de la enfermedad a través de herramientas innovadoras y cooperación científica entre países.

 

Una red internacional contra la tuberculosis

La iniciativa reúne a investigadores de Europa y América Latina, incluyendo España, Polonia, Perú, Brasil, Argentina y Uruguay. El proyecto fue seleccionado en la convocatoria internacional “5th EU-LAC Joint Call in STI 2025" por el Dr. Darío García de Viedma del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón de Madrid.

En Uruguay, el trabajo es llevado adelante por la Facultad de Ciencias, la Dra. Andrea Villarino será la responsable científica, en colaboración con la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa y Enfermedades Prevalentes, organismo clave en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la enfermedad en el país.

 

Ciencia para seguir la ruta de la enfermedad

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es el uso de la epidemiología genómica, una herramienta que permite analizar el material genético de la bacteria que causa la tuberculosis para entender cómo se transmite entre personas y territorios.

El desafío actual no es sólo diagnosticar y tratar, sino también comprender cómo circula la enfermedad. Este enfoque es especialmente relevante en un contexto de creciente movilidad humana. La migración, tanto regional como internacional, genera nuevas dinámicas en la transmisión de la tuberculosis, lo que exige estrategias de vigilancia más complejas y coordinadas.

Hasta ahora, gran parte de los estudios sobre tuberculosis en América Latina se han desarrollado de forma aislada en cada país. Eso limita la comprensión de un fenómeno que, en la práctica, no reconoce fronteras.

El proyecto busca llenar ese vacío mediante el análisis conjunto de datos entre países, con especial foco en regiones transfronterizas como el eje compartido entre Brasil, Argentina y Uruguay, para el lado de América Latina, en Europa se centrará en obtener un catálogo genómico que referencie las secuencias de las cepas de M. tuberculosis estructuradas sistemáticamente.

Entre los principales objetivos del proyecto, la iniciativa propone; 1) implementar un sistema de vigilancia multinacional, 2) detectar rápidamente cepas resistentes a medicamentos; 3) desarrollar pruebas de diagnóstico más accesibles; 4) capacitar a profesionales de la salud en vigilancia genómica. Estas herramientas no sólo permitirán mejorar la respuesta ante brotes, sino también la anticipación a nuevas formas de transmisión.

El proyecto se alinea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que promueve la cooperación internacional como una de las claves para combatir la tuberculosis.

En un escenario donde los casos vuelven a aumentar y la resistencia a los tratamientos representa una amenaza creciente, iniciativas como esta refuerzan la importancia de la ciencia y el trabajo en conjunto entre países.

En el Día Mundial de la Tuberculosis, el mensaje es claro: enfrentar esta enfermedad requiere no sólo de avances médicos, sino también de una mirada global que entienda cómo, por qué y dónde se sigue propagando.

 

Claudia Ciaffaglione-Marzo 2026.

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