Aunque el hantavirus no es una enfermedad nueva en Uruguay, la reciente atención sobre la cepa Andes volvió a instalar dudas y preocupación sobre sus formas de transmisión y sus riesgos reales. Adriana Delfraro, viróloga de la Facultad de Ciencias, advierte que, si bien se trata de un virus potencialmente grave, el mayor desafío hoy pasa por informar sin generar alarma.

En las Américas los hantavirus son el agente causal de una enfermedad denominada síndrome pulmonar por hantavirus, la cual se transmite desde roedores infectados a humanos. La primera identificación de estos agentes infecciosos ocurrió en la década del 50 del siglo pasado, a orillas del río Hantaan en Corea, y de allí tomaron su nombre

En Uruguay, desde hace 30 años se registran casos de esta enfermedad, principalmente vinculados a zonas rurales y a ciertas actividades con riesgo de exposición. La enfermedad puede ser potencialmente grave por su compromiso respiratorio.

El hantavirus se transmite principalmente por el contacto con heces, orina o saliva , o por contacto directo con roedores silvestres infectados, la inhalación de esas partículas puede ocurrir al limpiar espacios cerrados donde hay presencia de roedores, en actividades propias del trabajo en el campo, eco turismo, entre otras.

El virus está asociado a determinadas especies de roedores silvestres —en el caso de Uruguay, principalmente al ratón colilargo chico Oligoryzomys flavescens— y suele afectar a personas vinculadas al medio rural o a actividades al aire libre.

Delfraro explicó que estos animales actúan como “reservorios naturales”, lo que significa que pueden portar y transmitir el virus sin presentar síntomas visibles durante tiempo prolongado. El linaje viral que circula mayoritariamente en Uruguay se denomina “Lechiguanas” y nunca ha sido asociado a transmisión interhumana.

Uno de los principales cuidados recomendados es evitar remover polvo en espacios cerrados donde pueda haber presencia de roedores. “La idea es abrir bien, no limpiar en seco, rociar con agua con hipoclorito de sodio las superficies a limpiar, y protegerse con tapabocas”, explicó Delfraro, quien subrayó que el contagio ocurre al inhalar partículas virales presentes en orina o excretas de animales infectados.

Desde el Ministerio de Salud se insiste en medidas preventivas orientadas a reducir la presencia de roedores y evitar la exposición a partículas contaminadas en espacios cerrados.

El virus, síntomas y cómo se vincula con el entorno
Los casos suelen aumentar durante primavera, verano y otoño, una combinación que coincide tanto con momentos de mayor actividad de los roedores como con actividades humanas vinculadas al turismo y al trabajo rural. Incluso, fenómenos climáticos como El Niño pueden favorecer el aumento o movimientos en las poblaciones de roedores al aumentar la disponibilidad de alimento.

En cuanto a los síntomas, el hantavirus puede comenzar de forma inespecífica, con fiebre, malestar general o diarrea, por lo que en algunos casos puede confundirse inicialmente con otras enfermedades virales.

Sin embargo, el cuadro puede agravarse rápidamente cuando aparecen dificultades respiratorias abruptas. Según explicó Delfraro, esa dificultad respiratoria suele ser una señal de alarma porque indica que el virus ya está afectando el tracto respiratorio bajo. En algunos pacientes, la evolución puede acelerarse en pocas horas.

El virus Andes, identificado principalmente en el sur de Argentina y Chile, generó especial atención científica porque es la única variante del hantavirus en la que se ha demostrado transmisión entre personas. Este virus circula en ambos países, y los eventos de transmisión interpersonal más conocidos ocurrieron en el sur argentino, especialmente en localidades patagónicas como Epuyén y El Bolsón, donde se documentaron cadenas limitadas de contagio entre contactos estrechos. Sin embargo. Sin embargo, Delfraro aclaró que esos episodios han sido “aislados” y asociados a contactos muy estrechos y prolongados.

Además, señaló que esa variante no circula en Uruguay debido a que el roedor –Oligoryzomys longicaudatus o ratón colilargo– que actúa como reservorio natural no habita en el país. “No estamos para nada ante un evento como el del COVID”, remarcó Delfraro.

La viróloga explicó que, a diferencia de virus respiratorios altamente transmisibles como el coronavirus o la gripe, el hantavirus no se transmite fácilmente entre humanos y las cadenas de contagio suelen ser cortas. De hecho la amplia mayoría de los casos asociados al virus Andes en Argentina y Chile ocurren por transmisión roedor-humano. Además, señaló que la dinámica de transmisión es mucho menos eficiente entre personas.

Para Delfraro, uno de los principales problemas actuales no es solamente el virus, sino también la circulación de información errónea. “Hay que informar bien y comprender el verdadero nivel de riesgo”, sostuvo Delfraro. En ese equilibrio entre prevención y alarma, la especialista insistió en que la información clara sigue siendo la principal herramienta para reducir riesgos sin alimentar el miedo.

 

Claudia Ciaffaglione- Mayo 2026.

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