En medio de bosques, praderas, cultivos y áreas protegidas de Uruguay, pequeñas cámaras sujetas a árboles, en alturas variables para mejores tomas, registran silenciosamente el paso de zorros, carpinchos, ciervos y otros mamíferos. Son las llamadas cámaras trampa, una herramienta cada vez más utilizada por investigadores e investigadoras para estudiar la fauna sin intervenir directamente en su comportamiento.

Colocación de cámaras trampa. Alexandra Cravino, investigadora del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias.

 

Las cámaras trampa permiten estudiar especies difíciles de observar y registrar comportamientos que pasarían desapercibidos para el ojo humano. “Los animales que estudiamos no son mamíferos que se dejen ver”, explicó Alexandra Cravino, investigadora del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias. “Muchos son crepusculares, nocturnos y elusivos. No quieren verte ni que los veas”, comentó.

Las cámaras hoy son consideradas comunes en proyectos científicos y de conservación; su uso más masivo en Uruguay comenzó hace poco más de una década, cuando la tecnología todavía era limitada en el país y el monitoreo de mamíferos dependía principalmente de rastros, huellas y fecas. Cravino explicó que, en sus primeros años de investigación, las cámaras “eran muy incipientes”, y se utilizaban apenas para confirmar la presencia de determinadas especies.

A pesar de estar asociadas a la conservación y la investigación científica, las cámaras trampa surgieron originalmente vinculadas a la caza deportiva. “Las empresas las desarrollaron pensando en cazadores que querían saber a qué hora pasaban los animales”, explicó Cravino.

Las cámaras más conocidas, funcionan mediante sensores pasivos de movimiento y cambios temperatura. Cuando detectan algo moviéndose frente al lente y existe una diferencia térmica con el entorno, se activan automáticamente y toman fotografías. Durante la noche utilizan, en su mayoría, flashes infrarrojos, por lo que las imágenes quedan en blanco y negro y no a color, como quedarían con flashes blancos visibles.

Además de fotografías, muchas cámaras permiten grabar vídeos según su programación. Esto no solo ayuda a identificar especies, sino también a estudiar comportamientos. “Con una foto ves un instante. El video permite observar si un animal se mueve, marca territorio, interactúa con otros o incluso cómo caza”, señaló Cravino.

Muchas veces, las cámaras registran información inesperada, o lo que llaman datos bycatch. Desde interacciones entre especies hasta la presencia de animales invasores, los dispositivos permiten descubrir comportamientos que los investigadores o investigadoras no estaban buscando originalmente.

Gracias a estas herramientas, se han podido analizar patrones de actividad de distintas especies según la posición del sol o las fases lunares. Cravino mencionó que ciertos animales prefieren moverse en praderas durante noches oscuras, mientras que con la luna llena buscan refugio en zonas boscosas para evitar quedar expuestos. También han servido para estudiar cómo los animales utilizan ambientes productivos, como dentro de predios forestales, y cómo interactúan especies nativas con exóticas invasoras, como el ciervo axis o el jabalí.

Aunque muchas veces se las asocia con mamíferos medianos o grandes, las cámaras también pueden adaptarse para estudiar fauna pequeña y muy difícil de observar (como un pequeño roedor arborícola amenazado, de nariz anaranjada que vive entre ramas y vegetación densa).

Zorro de campo (Lycalopex gymnocercus), y ratón de hocico ferrugíneo (Wilfredomys oenax). Foto: Alexandra Cravino.

 

En los últimos años, además, el uso de cámaras trampa comenzó a integrarse con otras disciplinas, como la ecología de enfermedades, la veterinaria, la epidemiología, la genética, el análisis espacial y la conservación. Estos monitoreos no solo permiten saber qué especies están presentes, sino también entender cómo se mueven, en qué ambientes coinciden y con qué frecuencia entran en contacto. Es así como observar la fauna no es solo registrar animales: es también mirar la salud de los ecosistemas. Cada especie, cada interacción y cada ambiente conservado forman parte de una red que puede actuar como una primera línea de defensa. Entender la biodiversidad como un escudo natural permite pensar la conservación no solo como protección de especies, sino también como una forma de cuidar la salud animal, humana y ambiental.

Sin embargo, el trabajo de campo no está exento de dificultades. Uno de los principales problemas es el robo y vandalismo de las cámaras. Según contó Cravino, en algunas salidas llegan a perder más de la mitad de los equipos instalados.

“De 17 cámaras, volví con 9”, recordó sobre una reciente recorrida por Tacuarembó y Rivera. En otros casos, las cámaras aparecen baleadas, rotas o directamente desaparecen junto con el árbol donde estaban colocadas.

El vandalismo no solo implica pérdidas económicas o meses de información desaparecida, sino que también obliga a aumentar la frecuencia de las recorridas para revisar las cámaras y recuperar el material antes de que sea robado. Más allá del presupuesto que todo implica, esa presencia humana constante puede alterar el comportamiento de los animales y termina afectando el objetivo principal: observar la fauna sin interferir en ella. Los olores, las huellas o incluso restos de comida en la zona pueden hacer que algunas especies eviten pasar cerca de las cámaras o, por el contrario, se acerquen por curiosidad. “La idea justamente es intervenir lo menos posible en el ambiente”, explicó Cravino.

Muchas veces, además, los daños están relacionados con actividades de caza furtiva o ingresos ilegales a predios privados. Algunas personas destruyen las cámaras o roban las tarjetas de memoria para evitar quedar registradas.

A pesar de eso, los investigadores e investigadoras continúan apostando a esta tecnología, que consideran fundamental para comprender mejor la biodiversidad uruguaya. “Son nuestros ojos en el campo”, resumió Cravino.

El uso de cámaras trampa también abrió una nueva forma de acercar la ciencia al público. Fotografías y videos de animales captados en libertad suelen despertar interés en redes sociales y proyectos de divulgación, mostrando escenas que rara vez pueden observarse directamente.

Detrás de cada imagen de un zorro curioso o un guazubirá cruzando un bosque, hay horas de trabajo, recorridas largas y muchas veces frustraciones. Pero también la posibilidad de conocer un poco más sobre la vida secreta de los animales que habitan Uruguay.

 

Claudia Ciaffaglione- Mayo 2026.

Dirección:

 Iguá 4225 esquina Mataojo

Montevideo, 11400

Uruguay

Teléfonos:

Tels: +598 2 525 8618 al 23 

 

 

Redes Sociales

Instagram:  @fcien.udelar

Twitter:  @FcienUdelar

facebook:   @fcienudelar

you tube: Facultad de Ciencias Udelar