Mientras algunos municipios cuentan con infraestructura, servicios y una amplia oferta cultural, otros funcionan con recursos mínimos y enfrentan dificultades para garantizar aspectos básicos como el acceso a la salud, el transporte o los espacios de recreación. Con el objetivo de identificar y visibilizar estas diferencias, la geógrafa y docente de la Facultad de Ciencias, Raquel Alvarado, en conjunto con Soledad Camacho, investigadora y también docente de la Facultad, lideran una investigación financiada por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) que busca construir un índice de calidad de vida y desigualdades socioambientales en los municipios del interior de Uruguay.

El proyecto, desarrollado en el Laboratorio de Estudios Socioterritoriales del Departamento de Geografía, analiza una serie de indicadores vinculados a condiciones ambientales, vivienda, salud, educación, movilidad, servicios y uso del tiempo libre. A partir de estos datos, el equipo pretende elaborar un índice georreferenciado que permita visualizar en el territorio las distintas realidades que atraviesan los municipios uruguayos y aportar información útil para el diseño de políticas públicas.

Los municipios fueron creados en el marco del proceso de descentralización impulsado en Uruguay a partir de 2010, con el objetivo de acercar la gestión pública a las comunidades locales. En este sentido, la investigación se centra en los municipios del interior del país, una escala territorial que Alvarado estudia desde hace más de una década y que señala su desarrollo ha sido desigual y responde a realidades muy diferentes según el territorio.

En este contexto, Alvarado explicó que el concepto de calidad de vida es amplio y puede abordarse desde distintas perspectivas. A diferencia de las condiciones de vida, que suelen asociarse a aspectos materiales como el ingreso o la vivienda, la calidad de vida también incluye dimensiones subjetivas. Sin embargo, por la escala del proyecto, el equipo trabaja con indicadores objetivos, es decir, aquellos que pueden medirse y compararse entre municipios.

Entre las dimensiones que analiza la investigación aparecen las condiciones de la vivienda y el acceso a servicios básico.También se incorporan elementos vinculados al ambiente, no solo desde sus problemas —como la contaminación o la disposición final de residuos— sino también desde sus beneficios, como la presencia de áreas verdes, playas, centros termales o paisajes que mejoran el entorno en el que viven las personas.

Alvarado señaló que el propósito no es elaborar un ranking para definir cuál municipio es “mejor” o “peor”, sino identificar desigualdades. El índice podría permitir agrupar municipios según niveles de calidad de vida y, además, observar dimensiones específicas. Un municipio puede tener buenos resultados en infraestructura, pero presentar carencias en recreación, salud o transporte. De esa forma, el estudio busca evitar una mirada única y mostrar la complejidad de cada territorio.

Uno de los principales desafíos del proyecto es el acceso a la información. Parte de los datos proviene del censo y de organismos públicos como la ANEP, el Ministerio de Salud Pública o empresas de transporte. Pero otra información no está sistematizada y debe obtenerse mediante encuestas y entrevistas a alcaldes. Según Alvarado, esto implica insistir, llamar y explicar la importancia del relevamiento, ya que no todos los municipios cuentan con la misma disponibilidad o capacidad institucional para responder.

La investigación también dialoga con una preocupación que Alvarado arrastra desde hace años: la forma en que se crearon los municipios en Uruguay. Desde que comenzó el proceso de descentralización en 2010, la docente analiza el procedimiento de delimitación de los municipios y cuestiona los criterios aplicados. Según explicó, existen municipios muy pequeños, algunos con muy poca población y recursos limitados, mientras otras localidades con más habitantes no necesariamente cuentan con gobierno municipal.

La investigadora sostiene que estas diferencias también están vinculadas a la forma en que se implementó el proceso en cada departamento. Mientras algunos gobiernos departamentales desarrollaron una planificación más cuidadosa para la creación de municipios, otros avanzaron con menor preparación o con criterios menos definidos. Esto generó realidades muy diversas en cuanto a recursos, capacidades institucionales y posibilidades de gestión.

Para Alvarado, estas diferencias no son solo administrativas. Tienen consecuencias concretas en la vida de las personas. En algunos lugares del interior profundo, el transporte puede pasar una vez por semana, los servicios de salud pueden no contar con médicos todos los días o ciertos estudios deben realizarse en la capital departamental. También aparecen reclamos vinculados a bomberos, oficinas públicas, locales de cobranza y otros servicios que organizan la vida cotidiana.

En ese sentido, considera que salud, movilidad y servicios son algunas de las áreas donde aparecen con más fuerza las desigualdades. Aunque el proyecto todavía se encuentra en proceso, las respuestas preliminares de los municipios ya muestran dificultades recurrentes en estas áreas.

Estas desigualdades no siempre son visibles en los grandes indicadores nacionales, pero se manifiestan en experiencias cotidianas. La posibilidad de acceder a una consulta médica, realizar un trámite, participar en actividades culturales o contar con transporte para desplazarse puede variar significativamente entre localidades separadas por pocos kilómetros. Precisamente, una de las metas del proyecto es aportar evidencia que permita comprender mejor esas diferencias territoriales.

El índice, una vez construido, podría transformarse en una herramienta para orientar políticas públicas. Al mostrar en el mapa dónde se concentran determinadas carencias, permitiría que organismos con competencias sobre los municipios diseñen acciones más específicas y atiendan las desigualdades territoriales con mayor precisión.

Más que medir para ordenar, el proyecto busca medir para comprender. A través de mapas, indicadores y datos georreferenciados, la investigación pretende construir una radiografía de las distintas formas en que se vive en el interior del país. En síntesis, los resultados no solo permitirán identificar desigualdades, sino también aportar herramientas para que las políticas públicas respondan de manera más precisa a las necesidades de cada territorio.

 

Claudia Ciaffaglione- Julio 2026

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