Cada invierno, la llegada de la ballena franca austral a las costas uruguayas se convierte en uno de los espectáculos naturales más esperados. Sin embargo, detrás de esos avistamientos existe una gran cantidad de interrogantes. ¿De dónde vienen estos animales? ¿Qué comen antes de llegar a nuestras costas?
Con el objetivo de responder estas preguntas, Emilia D’Amado licenciada en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias desarrollará en el departamento de Maldonado su tesis de Maestría centrada en la ecología trófica de la especie, es decir, en el estudio de su alimentación y de los recursos que utiliza a lo largo de su ciclo de vida.
La investigación utilizará una técnica basada en el análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno presentes en pequeñas muestras de piel obtenidas de ejemplares vivos. A través de estos análisis, se podrá reconstruir parte de la historia alimentaria de cada animal y determinar qué consumieron durante los meses previos a su llegada al país.
Una especie emblemática y aún poco estudiada en Uruguay
La ballena franca austral (Eubalaena australis) fue una de las especies más afectadas por la caza comercial en el hemisferio sur, llegando a estar al borde de la extinción. Aunque actualmente la población del Atlántico Sudoccidental muestra signos de recuperación, gran parte del conocimiento científico disponible proviene de estudios realizados en Argentina (Península Valdés) y Brasil (Santa Catarina).
En contraste, los estudios desarrollados en Uruguay siguen siendo escasos, pese a que las costas nacionales constituyen una zona estratégica dentro de la ruta migratoria de la especie.
D’Amado destaca que generar información local es fundamental para comprender cómo utilizan las ballenas las aguas uruguayas y para diseñar medidas que permitan identificar y reducir amenazas, así como conocer los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos.
Conservación y conocimiento científico
Además de aportar información sobre la alimentación y migración de la ballena franca austral, el equipo de investigación considera que los resultados serán fundamentales para fortalecer las estrategias de conservación de la especie.
Los datos obtenidos podrán ser utilizados por organismos responsables de la gestión de los recursos marinos para desarrollar planes de manejo más precisos y basados en evidencia científica. Asimismo, contribuirán a los compromisos internacionales asumidos por Uruguay en materia de protección de cetáceos.
El proyecto también permitirá crear un banco biológico de muestras que podrá ser utilizado en futuras investigaciones genéticas, hormonales o de detección de contaminantes, maximizando el valor científico de cada biopsia obtenida.
Una metodología inédita en el país
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es que permitirá obtener información biológica y fisiológica directamente a partir de tejidos de animales vivos, algo que hasta ahora no se había realizado en Uruguay con esta especie.
Las muestras serán obtenidas mediante biopsias mínimamente invasivas realizadas desde una embarcación. D’Amado y su equipo se aproximarán de forma controlada a una distancia de entre cuatro y diez metros y utilizarán una ballesta equipada y diseñada para recolectar una pequeña porción de piel y grasa.
El procedimiento dura menos de un minuto por individuo y se realiza bajo protocolos internacionales ampliamente utilizados en el estudio de cetáceos y completamente inocuos para los animales*. Además, las operaciones se suspenderán inmediatamente ante cualquier señal de estrés o alteración en el comportamiento de las ballenas.
El proyecto prevé recolectar muestras de 20 ejemplares por temporada, con una meta total de 40 individuos durante los años 2026 y 2027.
Alimentación, migración y cambio climático
Actualmente se sabe que la presencia de la ballena franca austral en nuestras costas, especialmente en los departamentos de Maldonado y Rocha, es estacional y predecible entre los meses de julio y octubre. Sin embargo, aún existe incertidumbre sobre la procedencia exacta de esos individuos. Los científicos buscan determinar si provienen principalmente de las áreas de cría de Argentina y Brasil o si las costas uruguayas podrían estar siendo utilizadas por una subpoblación con características propias.
Aunque las costas uruguayas son reconocidas principalmente como áreas de agregación social y reproducción, en los últimos años se han registrado ballenas francas alimentándose de forma ocasional en la región.
A través de los análisis isotópicos, D’Amado espera inferir las fuentes de alimento que utilizan las ballenas que llegan a Uruguay y determinar si existen diferencias individuales o grupales que sugieren una procedencia de distintas áreas de forrajeo.
La investigación adquiere especial relevancia en el contexto del cambio climático. Diversos estudios internacionales han demostrado que el aumento de la temperatura oceánica está afectando la disponibilidad de krill (diminuto crustáceo, similar a un camarón que mide entre 1 y 6 cm) en las zonas antárticas y subantárticas, consideradas históricamente áreas clave de alimentación para la especie.
Ante este escenario, D’Amado pretende evaluar si la disminución de recursos en esas regiones está provocando modificaciones en las rutas migratorias tradicionales y favoreciendo una mayor diversificación alimentaria en zonas intermedias como las costas uruguayas.
Más allá del turismo
Se espera que la investigación contribuya a ampliar la mirada pública sobre las ballenas francas australes, trascendiendo su valor turístico y estético. “Su presencia en nuestras costas responde a procesos biológicos complejos y su estado de conservación está estrechamente relacionado con la salud de los ecosistemas marinos”, señala D’Amado.
Además, se atribuye que observar ballenas desde la costa constituye una oportunidad privilegiada para disfrutar de estos animales sin interferir en su comportamiento natural. Así como también se destaca que cualquier actividad científica realizada cerca de ellas se desarrolla bajo estrictos protocolos destinados a garantizar su bienestar y aportar información esencial para su conservación a largo plazo.
*Cuenta con los avales y permisos de: la Comisión Ética en el Uso de Animales (CEUA), la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA), la Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (DINABISE), la Comisión Honoraria de Experimentación Animal (CHEA) y la Prefectura de Maldonado.
Claudia Ciaffaglione- Agosto 2026