Hay lugares a los que uno vuelve de una manera diferente. Para Juan Valle Lisboa, ese lugar es la Facultad de Ciencias. Allí comenzó su formación universitaria, encontró amigos que lo acompañan hasta hoy y participó de las primeras discusiones sobre el rumbo de una institución que también estaba dando sus primeros pasos. Fue, además, el lugar donde empezó a descubrir su camino académico.

El próximo 28 de octubre asumirá como decano de la Facultad de Ciencias para el período 2026-2030. Será el primer egresado de la institución en ocupar ese cargo. Su llegada al decanato es el punto de partida de una nueva etapa, pero también el resultado de un recorrido que atravesó distintas disciplinas, espacios de investigación, proyectos de formación de posgrado y responsabilidades de gestión universitaria.

Cuando recuerda sus primeros años como estudiante, no empieza por los planes de estudio ni por las materias que cursó. Habla de las dudas, los amigos, las discusiones y el entusiasmo de formar parte de una Facultad que todavía estaba construyendo su propia historia.

 

Una Facultad que también se estaba construyendo

Como a tantos estudiantes que terminan el liceo, a Juan Valle Lisboa le costaba decidir qué estudiar. Le interesaban la química y la bioquímica, una disciplina que por entonces era relativamente nueva en Uruguay. También consideró estudiar Psicología, una posibilidad que surgió de su interés por los temas que había conocido en las clases de Filosofía de sexto año.

"Me había gustado lo que habíamos visto en filosofía de sexto, que hablabas un poco de psicoanálisis, pero yo decía, bueno, es necesario un poco más. Yo lo veía como más neurobiológico y no es raro que haya terminado por ese lado", recuerda.

La Facultad de Ciencias recién comenzaba a funcionar. Su idea inicial era ingresar a Biología y después cambiarse a Bioquímica, pero las primeras experiencias universitarias lo llevaron a explorar otros caminos. Cursó materias en Facultad de Química y finalmente volvió a Ciencias. "Era un estilo intelectual y esto estaba cada vez más bueno, estaba más atractivo. Cuando nace una Facultad, es una cosa...", cuenta.

En aquellos primeros años, la Facultad funcionaba en Tristán Narvaja. La vida académica convivía con una intensa actividad estudiantil y con las discusiones sobre qué universidad querían construir. Hubo movilizaciones, ocupaciones y noches de conversaciones eternas que aún recuerda.

Allí también empezó a participar en el centro de estudiantes y, muy temprano, llegó al Consejo como representante estudiantil. "No sabía nada de nada, pero aprendí mucho", dice sobre aquellos primeros pasos en el cogobierno.

En ese ambiente trabajó con profesores como Mario Wschebor, Rubén Budelli y Gonzalo Pérez, entre otros. Recuerda el nivel de las discusiones académicas y la posibilidad de intercambiar con personas de las que todavía tenía mucho que aprender. Pero aquella etapa también estuvo marcada por los compañeros con quienes compartía grupos de estudio y que, con el tiempo, se convertirían en amigos entrañables. "Conocí un montón de gente. Fue muy masiva esa entrada y conocí varias de las personas que son amigas, y amigos de mucho tiempo".

Desde el comienzo, la Facultad fue para él mucho más que un lugar de estudio: fue un espacio de formación intelectual, vínculos y participación. Una experiencia que dejó una marca duradera en su manera de entender la vida universitaria: aprender con otros, discutir, involucrarse y construir espacios que todavía no existen.

 

De las moléculas a las redes neuronales

Su trayectoria académica tampoco siguió una línea recta. En 1994 se presentó a un concurso para ingresar como docente y obtuvo un cargo de grado 1. Después comenzó la maestría, avanzó hacia el doctorado y, en el camino, atravesó períodos de incertidumbre laboral y académica.

Antes de dedicarse a estudiar los procesos cognitivos, su formación estuvo más cerca de la bioquímica y de los procesos celulares. Realizó una pasantía en Medicina y allí desarrolló su trabajo de grado, en contacto con investigadores de otras áreas. Sin embargo, el interés por comprender cómo funciona el cerebro y cómo se relaciona con el pensamiento y el aprendizaje fue ganando terreno.

La oportunidad de explorar ese camino apareció a partir de una conversación con un profesor de biofísica que lo acercó al estudio de las redes neuronales, previo a la irrupción de herramientas de inteligencia artificial. El trabajo con modelos computacionales le permitió conectar sus conocimientos de las ciencias biológicas con nuevas preguntas sobre la cognición. "Yo empecé con estudiar cosas muy de la célula, pero me tiraba al otro, de cómo funciona el cerebro".

Durante el doctorado, como les sucede a muchos investigadores, atravesó un momento de desánimo. El impulso para retomar el camino llegó de la mano de colegas y estudiantes con quienes comenzó a explorar nuevas preguntas sobre la cognición. Álvaro Cabana y Camila Zugarramurdi fueron parte de ese proceso, que los llevó a encontrar un espacio de investigación en la Facultad de Psicología.

Allí pasó algunos años que considera fundamentales para su desarrollo académico. Trabajó junto a investigadores de la psicología y la educación, impulsó propuestas de formación, dirigió proyectos y participó en la creación de espacios de investigación interdisciplinaria.

Entre esas iniciativas se encuentran el Centro Interdisciplinario en Cognición para la Enseñanza y el Aprendizaje, las escuelas internacionales y distintos proyectos vinculados con el aprendizaje y los procesos cognitivos.

Actualmente, dirige la Maestría en Ciencias Cognitivas, un espacio que permite articular perspectivas y herramientas de distintas disciplinas para abordar problemas complejos.

Cuando mira hacia atrás, reconoce en ese recorrido experiencias que le generan satisfacción: haber contribuido a construir ámbitos de investigación y formación que antes no existían.

La interdisciplina también le enseñó a trabajar con otros, construir redes e identificar oportunidades. Y, sobre todo, a reconocer que las preguntas más interesantes no siempre respetan las fronteras entre las áreas del conocimiento.

 

Conocer la Universidad desde adentro

Su relación con la Facultad de Ciencias no se limitó a su formación como estudiante ni a su trabajo académico. También conoció de cerca la gestión universitaria y las decisiones que hacen posible el funcionamiento de una institución

Durante el decanato de Ehrlich se desempeñó como asistente académico, con responsabilidades vinculadas al presupuesto. Eran los años de la crisis económica de 2002 y buena parte de su trabajo consistía en encontrar formas de sostener proyectos y responder a las necesidades de la institución en un contexto de recursos muy limitados.

De aquella etapa conserva el recuerdo de docentes, funcionarios y equipos de administración con quienes compartió problemas cotidianos y conversaciones que excedían las tareas formales. Algunos de esos vínculos venían de mucho antes, de las discusiones sobre política universitaria que había vivido en Tristán Narvaja como estudiante.

También integró comisiones de coordinación, participó en la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad y fue consejero docente. Esos espacios le permitieron conocer distintos niveles de la institución y entender cómo se conectan la actividad académica, las decisiones presupuestales y la gestión administrativa.

A eso se suma el trabajo desarrollado en ámbitos interdisciplinarios, que amplió su conocimiento sobre otras facultades, otras formas de organizar la enseñanza y la investigación, y diferentes maneras de vincular la Universidad con la sociedad.

Esa experiencia acumulada alimenta una de sus principales convicciones de cara al decanato: la Facultad de Ciencias tiene capacidades que todavía están lejos de alcanzar todo su potencial. "Tiene mucho potencial que todavía no está realizado", señala.

Para él, la formación que reciben los estudiantes de Ciencias tiene características propias que no siempre se reconocen suficientemente. Haber trabajado en otros espacios académicos le permitió valorar esa formación desde otra perspectiva y preguntarse cómo aprovechar mejor sus fortalezas, tanto dentro de la Universidad como en el resto del país.

 

Malvín Norte: una responsabilidad que va más allá de la Facultad

Fortalecer el vínculo entre la Facultad de Ciencias y la sociedad es uno de los objetivos que Valle Lisboa quiere impulsar durante su gestión. Para eso, propone ampliar las formas de extensión, promover acuerdos con organismos públicos y empresas, y generar oportunidades para que la investigación se desarrolle también en ámbitos externos a la Universidad.

Una de las experiencias que menciona como referencia es un acuerdo vinculado con la Maestría en Ciencias Cognitivas y Ceibal, que permite que estudiantes realicen sus trabajos de investigación dentro de esa institución, con orientación académica de equipos universitarios.

Su intención es explorar iniciativas similares con ministerios y otros organismos públicos. La idea es que la formación de posgrado pueda desarrollarse en contacto con problemas concretos, de modo que la investigación aporte conocimiento y, al mismo tiempo, contribuya a fortalecer las capacidades de las instituciones.

También considera necesario profundizar la relación con el sistema educativo, promover la formación científica de los docentes y generar nuevas oportunidades para que egresados de Ciencias puedan dedicarse a la enseñanza.

Pero el vínculo con la sociedad tiene, además, una dimensión territorial que considera inseparable de las responsabilidades universitarias.

La Facultad está ubicada en Malvín Norte, un barrio en el que conviven instituciones universitarias, espacios de investigación y distintas necesidades de desarrollo urbano y social. Para Valle Lisboa, no alcanza con que esas instituciones compartan un territorio: es necesario que construyan una estrategia común. "Parte de los problemas del barrio son problemas de la universidad", plantea.

Su propuesta es trabajar con la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Vivienda, el Instituto Pasteur, el Instituto Superior de Educación Física y otros actores de la zona para impulsar un proyecto de desarrollo urbano que contemple viviendas, espacios recreativos, actividades deportivas y oportunidades para la investigación y el desarrollo tecnológico.

La iniciativa también podría incluir empresas, incubadoras y parques tecnológicos, con el objetivo de conectar las capacidades académicas con nuevas oportunidades de desarrollo para el barrio.

Cuando habla de este tema, su tono se vuelve especialmente enfático,marcando una transformación concreta por la que espera poder responder al finalizar su mandato. "O sea que Malvín Norte no puede quedar así. Y si cuando termine mi mandato quedó así, es que fracasé", afirmó.

La frase resume una manera de entender la responsabilidad universitaria: donde desde sus capacidades específicas, también deben contribuir a mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

 

Cambiar de carrera no siempre es fracasar

La enseñanza es otro de los asuntos que más le preocupan. En particular, cómo acompañar a quienes ingresan a la Universidad, ayudarlos a elegir con más información y generar condiciones que favorezcan la continuidad de sus estudios.

Para Valle Lisboa, el abandono universitario no puede explicarse únicamente por dificultades académicas o por una formación insuficiente al terminar la enseñanza media. También es necesario reconocer que muchos jóvenes llegan a la Universidad sin haber tenido oportunidades suficientes para explorar distintas opciones y conocer qué implica cada carrera.
"Porque el Uruguay es muy malo formando a la gente para tomar decisiones vitales", sostiene.

Su propia historia le permite reconocer ese proceso. Antes de elegir Bioquímica, había considerado otras disciplinas y explorado distintos caminos. Esa búsqueda, entiende, no fue una pérdida de tiempo, sino parte de la construcción de su trayectoria.

También recuerda a amigos que comenzaron estudiando en Ciencias, cursaron uno o dos años y después cambiaron de carrera, con resultados muy buenos en sus nuevos recorridos profesionales. "Entonces capaz que hay que cambiar un poco la mirada en esto, de decir, bueno, lo que la gente precisa es como un espacio para saber de qué va y para tomar decisiones informadamente".

A partir de esa idea, propone explorar formas de coordinación entre carreras, especialmente en el área de las biociencias. Biología, Biología Humana, Bioquímica y Biotecnología comparten contenidos y trayectos formativos que podrían reconocerse de una manera más sistemática. También existen coincidencias con los primeros años de otras facultades, como Medicina, Química, Veterinaria y Agronomía.

La propuesta consiste en explorar mecanismos similares a los ciclos iniciales optativos, que permitan coordinar créditos y reconocer aprendizajes entre distintas carreras y facultades.
El objetivo es que los estudiantes puedan explorar otras opciones sin tener que empezar de cero cada vez que cambian de rumbo. Para eso será necesario construir acuerdos con otras áreas de la Universidad y revisar cómo se organizan los trayectos formativos. "Y entonces no verlo como una pérdida, sino ver, bueno, cómo hacemos para que esos espacios sean útiles".

A esa discusión se suma otra preocupación: cómo se enseña. La menor asistencia a las clases teóricas, el uso de clases grabadas y los nuevos hábitos de estudio plantean la necesidad de revisar las prácticas docentes y analizar qué herramientas favorecen el aprendizaje.

En ese escenario, la inteligencia artificial y el manejo de datos ocupan un lugar central. Valle Lisboa considera que la Universidad debe discutir cómo integrar esas herramientas a la formación, en lugar de limitarse a prohibirlas o ignorar sus posibilidades. "Creo que tenemos que formar a la gente para eso, para usarlo más, para ser los mejores con esto", afirma.

El desafío consiste en aprovechar la capacidad de estas tecnologías sin perder el conocimiento necesario para utilizarlas críticamente. Para él, las herramientas pueden aumentar la productividad y abrir nuevas posibilidades, pero su aprovechamiento depende de la formación de quienes las utilizan.

Por eso considera necesario revisar contenidos, metodologías y actividades prácticas, y promover una discusión colectiva sobre cómo enseñar en un contexto tecnológico que cambia rápidamente.

 

Hacer ciencia también requiere mejores condiciones
La investigación es otro de los pilares de su propuesta. Valle Lisboa entiende que la Facultad necesita fortalecer las condiciones materiales y organizativas que permitan desarrollar el trabajo científico, con especial atención al equipamiento y a la gestión de los recursos compartidos.

No alcanza con disponer de instrumentos: también es necesario contar con personal técnico especializado que se ocupe de su funcionamiento y mantenimiento. De esa manera, los docentes e investigadores pueden dedicar más tiempo a la investigación, la enseñanza y la formación.

También considera importante identificar oportunidades de financiamiento para equipamiento de mayor escala. Entre los ejemplos que menciona está la resonancia magnética funcional, una tecnología que permite estudiar la actividad cerebral y que podría ampliar las posibilidades de investigación en áreas vinculadas con las ciencias cognitivas. La propuesta incluye, además, fortalecer los vínculos entre la Facultad y los espacios de investigación que funcionan en otras áreas de la Universidad.

Valle Lisboa señala que existen equipos y centros interdisciplinarios con una participación importante de investigadores formados en Ciencias. Considera que esos vínculos podrían traducirse en más oportunidades de docencia, formación e investigación compartida, y en una mayor presencia de esas capacidades dentro de la propia Facultad.

El objetivo es evitar el aislamiento institucional y aprovechar mejor los recursos científicos existentes en la Universidad. Esa preocupación también se conecta con su propuesta para Malvín Norte: acercar instituciones, reunir capacidades y generar espacios de trabajo compartido, en lugar de mantener iniciativas que funcionan de manera independiente unas de otras.

 

Una Facultad que pueda discutir su futuro

Para llevar adelante estas propuestas, Valle Lisboa sabe que no alcanza con definir prioridades. Será necesario construir equipos, escuchar a los distintos sectores y generar acuerdos que permitan sostener el trabajo durante los cuatro años de gestión.

Su planteo contempla el trabajo con el Consejo, las comisiones, los institutos, los equipos docentes y los asistentes académicos. También quiere promover espacios de intercambio que permitan discutir asuntos que trascienden la agenda cotidiana de la gestión.

Le interesa, en particular, generar instancias de discusión colectiva sobre temas como la enseñanza, la inteligencia artificial, la divulgación científica y los problemas de convivencia. Considera que estas conversaciones pueden ayudar a construir una visión compartida sobre los desafíos de la Facultad.

En esa búsqueda, reconoce el valor de los espacios horizontales en los que las personas pueden expresar dudas, desacuerdos y propuestas sin temor a ser descalificadas.

Su propia experiencia universitaria estuvo marcada por esa posibilidad de discutir con personas de distintas generaciones y responsabilidades. Recuerda, por ejemplo, su participación en la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad, cuando era un docente de grado 2 que discutía con profesores de grado 5 y decanos. "Cuando fui a la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad, como delegado docente, yo era de grado 2, y me peleaba con los grados 5 y los decanos, sin problema", asegura.

Lo importante, para él, no es que todos piensen igual, sino que existan condiciones para expresar posiciones, fundamentarlas y construir decisiones a partir del intercambio. "A mí me gusta que la gente pueda decir lo que quiere, sin violencia", afirma.

Esa disposición también se relaciona con una preocupación por la comunicación institucional. Considera que la Facultad necesita fortalecer tanto la manera en que se comunica con la sociedad como la circulación de información dentro de su propia comunidad.

La divulgación científica, las redes sociales, la comunicación con los centros educativos y las actividades destinadas a acercar la ciencia a niños y jóvenes forman parte de ese desafío. Para Valle Lisboa, es importante que más personas conozcan la Facultad, sus carreras y las posibilidades profesionales que ofrece.

La tarea, entiende, comienza antes del ingreso universitario. Implica trabajar con el sistema educativo, generar oportunidades de acercamiento temprano y contribuir a que estudiar ciencias sea reconocido como un camino posible.

 

El desafío de volver a su Facultad

Asumir el decanato supone también una decisión personal. Valle Lisboa sabe que deberá dedicar buena parte de su tiempo a la gestión y que eso modificará el lugar que ocupa la investigación en su vida cotidiana. Aunque prevé mantener parte de su actividad académica, reconoce que el cambio implica dejar en segundo plano algunas posibilidades de desarrollo de su propia línea de trabajo. "Tomar este camino es como una especie de renuncia al otro", explica.

La decisión viene acompañada de dudas. Se pregunta si podrá concretar las transformaciones que se propone, si logrará que las iniciativas se sostengan y si, al finalizar el mandato, podrá reconocer avances significativos.

En ese proceso aparece una sensación que identifica con el síndrome del impostor, frecuente en el ámbito científico: la percepción de no estar a la altura de las responsabilidades que uno asume, aun cuando haya construido una trayectoria que lo respalde. "Y también el temor de, efectivamente, voy a poder hacer algo, o es simplemente un saludo a la bandera, termina el decanato y no dice nada", reflexionó.

Frente a esas dudas, apuesta a trabajar con honestidad, dedicación y disposición a escuchar. Sabe que la gestión universitaria implica tomar decisiones en un escenario complejo y que no todas las iniciativas tendrán los resultados esperados.

También tiene claro que no quiere construir una gestión rodeada únicamente de voces que confirmen sus propias ideas. Reconocer los errores, escuchar otras perspectivas y generar espacios de discusión son parte de la manera en que espera asumir esa responsabilidad.

Cuando habla de la Facultad, aparece una y otra vez el recuerdo de quienes contribuyeron a construirla. En particular, destaca a las generaciones que impulsaron instituciones que entonces no existían y que transformaron el sistema científico uruguayo.

Recuerda a Mario Wschebor y su capacidad de proyectar la Facultad más allá de sus propios límites, como una herramienta para contribuir a cambiar el país a través de la Universidad. También menciona a Ricardo Ehrlich, a quien reconoce por su capacidad para generar ideas y abrir caminos. "Se animaron a crear, vos pensá que no había una facultad de ciencias, no había un Pasteur, no había CSIC, no había un Pedeciba, toda esa generación creó todo esto", afirma.

De esas experiencias recupera la ambición de pensar en grande, la curiosidad intelectual y la voluntad de construir instituciones que amplíen las posibilidades de las generaciones siguientes. No pretende necesariamente dejar una marca personal ni repetir lo que hicieron quienes lo precedieron. Le gustaría, más bien, contribuir a que esa capacidad colectiva siga produciendo resultados. "Si yo pudiera hacer un 10% de lo que hizo Mario, tomo", reflexiona.

En esa frase conviven la admiración por quienes construyeron la Facultad y la conciencia de la responsabilidad que está por asumir. También aparece una forma de entender el trabajo universitario: como una tarea colectiva, en la que cada generación recibe algo construido por otras y tiene la oportunidad de ampliarlo.

Al pensar en los próximos años, Valle Lisboa no esconde que el cambio le genera temor. Pero, por encima de las dudas, está el entusiasmo por volver a un lugar que conoce desde distintos momentos de su vida y al que sigue sintiendo como propio. "Me da un poco de temor, me entusiasma, me entusiasma el desafío de, bueno, mi facultad".

El 28 de octubre comenzará una nueva etapa. Su desafío será articular las capacidades de la Facultad de Ciencias, fortalecer su vínculo con la sociedad y generar nuevas oportunidades para la enseñanza y la investigación. No como una tarea individual, sino como parte de una construcción colectiva que, para él, empezó mucho antes de asumir el decanato.

 

*Juan Valle Lisboa es Profesor Titular de Biofísica y Biología de Sistemas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar), Uruguay, y Director del Centro Interdisciplinario en Cognición para la Enseñanza y el Aprendizaje (CICEA). Coordina además la Maestría en Ciencias Cognitivas de la Udelar, un programa interdisciplinario en el que participan las facultades de Ciencias, Psicología e Ingeniería, junto con investigadores de otras áreas de la Universidad. Actualmente dirige el Instituto de Biología de la Facultad.

Su investigación se centra en las bases cognitivas, neurobiológicas y computacionales del aprendizaje, con especial énfasis en lectura, lenguaje y aprendizaje de la matemática. Su trabajo combina enfoques de las ciencias cognitivas, la neurociencia, la psicología experimental y el aprendizaje automático, incluyendo estudios conductuales, EEG y modelos basados en redes neuronales profundas. Una parte importante de su actividad está orientada a vincular la investigación básica sobre cognición y aprendizaje con problemas educativos y al desarrollo de iniciativas interdisciplinarias en ciencias cognitivas en Uruguay y América Latina

 

Manuela Pereira- Octubre 2026

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