Un proyecto impulsado por docentes, estudiantes y funcionarios busca identificar y georreferenciar las especies leñosas nativas del predio de la Facultad de Ciencias, con el objetivo de poner en valor su patrimonio botánico y generar una herramienta de divulgación y educación ambiental.
Quienes recorren habitualmente la Facultad quizás hayan pasado cientos de veces junto a un ceibo, una palmera pindó o un árbol cuya especie desconocen. Para acercar esa diversidad a la comunidad, la iniciativa propone registrar la ubicación de los ejemplares y reunir información botánica en una base de datos georreferenciada, a la que se prevé dar acceso desde una página web.
La idea surgió de una conversación entre algunos integrantes del equipo y John Gainza, entonces jardinero de la Facultad. Actualmente, el proyecto es llevado adelante por Andrés Rossado, Gabriel Cavicchioli, Joaquín López, John Gaizza, Beatriz Sosa y los estudiantes Alex Maza y Marcos Carrato, quienes buscan, además de generar información sobre las especies presentes, contribuir a la revitalización del predio y fortalecer el vínculo de la comunidad universitaria con su entorno.
Un patrimonio que estaba por descubrirse
La presencia de árboles nativos en el predio no es nueva. Su plantación se remonta a un proyecto desarrollado hace aproximadamente 25 años, en el marco de una iniciativa de extensión que involucró a una escuela de la zona. En aquella oportunidad se plantaron especies nativas con la intención de representar distintos ambientes de bosque del Uruguay, como los bosques ribereños, serranos, quebrada y parque.
Sin embargo, pese a que los ejemplares crecieron y se incorporaron al paisaje, no existía un listado sistematizado que reuniera las especies leñosas nativas presentes en el lugar. El proyecto actual busca cubrir ese vacío y establecer una primera línea de base para conocer la diversidad existente.
El relevamiento abarca 50 especies. La diversidad permite acercarse a las particularidades de la flora uruguaya. Como explicaron los integrantes del equipo, los nombres comunes no siempre identifican una única especie, un mismo nombre puede utilizarse para distintos árboles. El canelón, por ejemplo, es un nombre que comprende varias especies. Entre las registradas en el predio se encuentra Myrsine umbellata, la cual fue señalada por el equipo como una especie poco frecuente en Uruguay.
Del trabajo de campo al mapa digital
La georreferenciación de los árboles comenzó en el segundo semestre de 2025, en el marco de una actividad vinculada al curso de grado Evaluación de Recursos Naturales e Impacto Ambiental dictado en Facultad. En una primera salida, estudiantes y docentes recorrieron el predio para identificar las especies y registrar sus ubicaciones. Sin embargo, el proceso resultó más complejo de lo previsto, ya que la proximidad entre algunos ejemplares y las limitaciones de precisión de las herramientas utilizadas dificultaron la localización exacta de cada árbol.
Por eso, el equipo tuvo que regresar al campo en varias oportunidades para revisar y ajustar los registros. El trabajo también llevó a reconsiderar cómo representar los ambientes asociados a cada especie. Aunque la plantación original buscaba recrear sectores correspondientes a distintos tipos de bosque del país, muchas especies nativas pueden desarrollarse en más de un ambiente, aun cuando tengan preferencias por determinadas condiciones.
La base de datos contempla, entonces, un ambiente principal para cada especie y otros ambientes en los que también puede encontrarse. A partir de esa información, el proyecto busca ofrecer una herramienta para recorrer el predio, localizar los ejemplares y conocer sus características. Las fichas botánicas incluirán el nombre común y científico, la familia, una descripción, los hábitats de cada especie y fotografías del árbol y sus hojas, a las que se prevé sumar imágenes de flores y frutos.

Un jardín de especies nativas en un terreno desafiante
El predio de la Facultad presenta condiciones particulares para el desarrollo de la vegetación. Su exposición al viento y las características del suelo representan dificultades para algunas especies. A pesar de ello, buena parte de los árboles plantados logró adaptarse y desarrollarse. Según explicaron los entrevistados, durante las primeras etapas de crecimiento es importante contar con un suelo adecuado y asegurar el riego, especialmente en verano.
Además, hay árboles que ya producen frutos cuyas semillas son dispersadas por las aves, dando lugar a nuevas plantas dentro del predio. Este tipo de observaciones muestran que el espacio no solo conserva los ejemplares plantados originalmente, sino que también se pueden apreciar algunas de las relaciones que se establecen entre la vegetación y otros organismos.
La intención no es reproducir un bosque cerrado, sino mantener un espacio en el que los ejemplares puedan observarse individualmente, como en un jardín botánico de especies nativas. Esta disposición facilita tanto la identificación de los árboles como su georreferenciación. Al mismo tiempo, permite reconocer la variedad de especies presentes, algunas se destacan por sus flores o su posible utilidad, mientras que otras resultan interesantes por sus características ecológicas o simplemente por ser poco frecuentes.
Conocer para conservar
El proyecto también se vincula con una preocupación más amplia, la conservación de los ambientes nativos y las amenazas que enfrentan. Entre ellas, los integrantes del equipo destacaron a las especies invasoras y la pérdida del hábitat, factores que afectan directamente a la biodiversidad. Conocer qué especies están presentes en un espacio es un primer paso para reconocer su valor y comprender la importancia de conservarlas.
Asimismo, los árboles constituyen el punto de partida para estudiar una red de relaciones que va mucho más allá de las plantas. A su alrededor hay aves, polinizadores y otros organismos que se alimentan de sus frutos, los visitan o incluso utilizan sus estructuras como refugio. Por eso, el relevamiento puede servir como base para incorporar nuevos conocimientos y vincular el proyecto con otras líneas de investigación que se desarrollan en la Facultad.
Una herramienta para aprender y acercarse al entorno
Uno de los principales objetivos a futuro es aprovechar la base de datos como herramienta de divulgación y educación ambiental. El equipo plantea la posibilidad de trabajar con centros educativos del barrio y después buscar aproximaciones a otro tipo de visitantes. Más adelante, a mediano plazo, se proyecta incluir la iniciativa en el marco del Plan Ceibal.
El carácter colectivo del proyecto es otro de sus aspectos centrales. La iniciativa surgió del intercambio entre funcionarios, docentes y estudiantes, y se fue desarrollando a partir de sus aportes y experiencias hasta ser lo que es hoy. La intención es que el trabajo continúe creciendo y enriqueciéndose con información sobre otros grupos de organismos, con los aportes de quienes investigan y trabajan en el predio. Así, el mapa propone una nueva manera de recorrer la Facultad de Ciencias.
Agustín Amaro- Octubre 2026