Los trabajos elaborados por distintos institutos de la Facultad analizan la composición de sus equipos docentes, las trayectorias académicas, el acceso a cargos de mayor responsabilidad y las situaciones de violencia, acoso y discriminación. La iniciativa busca visibilizar avances y desafíos y promover la reflexión colectiva sobre la equidad de género en la comunidad académica.

El miércoles 21 de octubre se realizó en el hall de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República una muestra de los pósteres elaborados por distintos institutos sobre la situación de la equidad de género en sus respectivas áreas de estudio e investigación.

La actividad contó con la presencia del decano de la Facultad, Juan Cristina, integrantes de la Comisión de Equidad y Género y directores de los institutos.

La iniciativa se enmarca en la Resolución n.º 96 del Consejo de la Facultad de Ciencias, adoptada el 8 de junio de 2026, que convocó a los institutos con el apoyo de la Unidad de Comunicación, a elaborar pósteres de carácter diagnóstico sobre la situación de género en sus respectivos ámbitos.

Los trabajos reúnen datos históricos e institucionales, análisis de la composición de los equipos docentes y de las trayectorias académicas, así como información sobre las experiencias de quienes integran la comunidad universitaria. En conjunto, permiten reconocer avances en la participación de las mujeres y, al mismo tiempo, identificar desigualdades que persisten en el desarrollo de las carreras académicas y en el acceso a espacios de decisión.

¿Qué muestran los pósteres?

Instituto de Química Biológica: participación de las mujeres y distribución de cargos

El póster del Instituto de Química Biológica (IQB) muestra que las mujeres constituyen la mayoría del plantel docente. En 2026 representan el 61,54 % de las 65 personas que integran el equipo.

Sin embargo, la distribución por espacios de participación presenta diferencias: mientras las mujeres tienen una presencia destacada en las comisiones internas del instituto, los varones predominan en las comisiones centrales de la Facultad.

El trabajo también señala un posible rezago en las trayectorias de las docentes mujeres. En la Licenciatura en Bioquímica, por su parte, las mujeres son mayoría entre las personas inscriptas y entre quienes egresan. El póster plantea la necesidad de profundizar el análisis para comprender mejor las particularidades de la situación de género en el instituto.

Centro de Matemática: la brecha aumenta en los cargos de mayor jerarquía

El Centro de Matemática (CMAT) analiza la composición de su cuerpo docente y las trayectorias académicas desde una perspectiva de género. En agosto de 2026, las mujeres ocupaban el 21 % de los cargos interinos (grados 1 y 2) y el 14 % de los cargos efectivos (grados 3, 4 y 5).

Los datos históricos presentados muestran que, aunque las mujeres han accedido a la formación y a la carrera académica, su presencia disminuye a medida que se avanza hacia los grados docentes superiores. El póster también señala que solo dos mujeres han ocupado cargos de grado 3 en la historia reciente del centro y que ninguna ha alcanzado el grado 5.

Asimismo, se indica que el 28 % de las personas egresadas de Matemática son mujeres, mientras que actualmente ellas ocupan el 18 % de los cargos docentes del Centro y el 14 % de los cargos efectivos.

El trabajo incorpora testimonios de estudiantes que dan cuenta de experiencias vinculadas a la escasa representación femenina, las dudas sobre las propias capacidades y la importancia del reconocimiento dentro de la comunidad académica.

Instituto de Ciencias Geológicas: paridad en el plantel, pero no en los cargos superiores

El Instituto de Ciencias Geológicas (ICG) presenta un análisis histórico de la composición de su personal docente entre 1991 y 2026. Según el póster, la proporción de mujeres aumentó progresivamente desde 2007 y alcanzó la paridad en 2014.

En la actualidad, el plantel docente presenta una distribución del 50 % de mujeres y 50 % de varones. Sin embargo, esta paridad general no se reproduce en todos los grados: los cargos de grados 2 y 3 están ocupados principalmente por mujeres, mientras que los grados 4 y 5 continúan siendo mayoritariamente masculinos.

El dato más significativo es que ninguna mujer ha ocupado un cargo de grado 5 en toda la historia del instituto y que, desde el período 2011-2020, solo una docente ha accedido a un cargo de grado 4.

El póster pone el foco en las barreras que persisten en el desarrollo de las trayectorias académicas y en la necesidad de superar los llamados «techos de cristal».

Instituto de Biología: diferencias en las trayectorias y los tiempos de ascenso

El Instituto de Biología estudia la composición actual de su cuerpo docente y su evolución durante los últimos 30 años. En 2026, las mujeres representan el 56 % de la plantilla, con 84 docentes, frente a 67 varones.

No obstante, el análisis por grado docente muestra que la representación femenina disminuye en los niveles superiores. El trabajo también identifica diferencias en los tiempos de permanencia y ascenso entre grados: las mujeres presentan, en términos descriptivos, mayores tiempos medianos para avanzar en la carrera académica.

Entre las conclusiones, el póster señala que la distribución diferencial entre cargos constituye una característica histórica de la Facultad. Si bien las mujeres han aumentado su participación en la carrera docente, continúan existiendo brechas en las posibilidades de promoción y en el acceso a los grados más altos.

El análisis también advierte que estas diferencias deben considerarse junto con otros factores, como la dedicación horaria y el tipo de cargo.

Instituto de Física: trayectorias estudiantiles y situaciones de acoso y discriminación

El póster del Instituto de Física aborda las diferencias de género en las trayectorias de la Licenciatura en Física, la formación de posgrado y los cargos docentes. La información institucional utilizada muestra que, en las cohortes de 2017 a 2021, las mujeres representaron el 25,4 % de las personas inscriptas consideradas en el análisis, frente al 74,6 % de los varones.

Una encuesta autoadministrada, respondida por 131 personas, registró un 40,5 % de mujeres, un 56,5 % de varones y un 3,1 % de personas no binarias. El trabajo advierte que los resultados de esta encuesta no constituyen una representación de toda la población estudiantil.

El análisis de las trayectorias identifica diferencias en la permanencia y la finalización de la carrera. A partir de un modelo estadístico, se estima que los varones presentan un riesgo de abandono menor que las mujeres.

El póster también incorpora información sobre situaciones de acoso y discriminación, así como sobre el conocimiento de los mecanismos institucionales disponibles para solicitar apoyo o realizar denuncias. Más del 55 % de las mujeres y de los varones encuestados manifestó desconocer estos mecanismos, lo que evidencia la necesidad de mejorar su difusión y accesibilidad.

Centro de Investigaciones Nucleares: una participación que no se distribuye de manera homogénea

El Centro de Investigaciones Nucleares (CIN) presenta un análisis longitudinal de la distribución por género y grado docente durante el período 2001-2026. En el conjunto de los registros analizados, la participación femenina se sitúa cerca de la paridad: las mujeres representan el 51 % y los varones el 49 %.

Sin embargo, la distribución no es homogénea a lo largo de la carrera académica. El póster muestra una mayor presencia de mujeres en los grados docentes iniciales y una subrepresentación en los superiores, sin registros de mujeres en cargos de grado 5 durante el período estudiado.

El trabajo incorpora, además, una encuesta voluntaria y anónima sobre la percepción actual de la equidad de género. Si bien el número de respuestas es reducido (11 personas), las respuestas señalan diferencias en las percepciones sobre las oportunidades de participación en proyectos, las instancias académicas y el acceso a cargos de mayor responsabilidad.

Los resultados apuntan a la importancia de profundizar el estudio de las trayectorias de promoción, permanencia y acceso a los cargos superiores desde una perspectiva de género.

Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales: las desigualdades persisten en los niveles superiores

El Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales (IECA) analiza la composición de su plantel docente en 2010 y 2026, así como la participación de mujeres y varones en los programas de posgrado.

En ese período, la cantidad de mujeres docentes pasó de 24 a 30, mientras que la de varones aumentó de 29 a 32. Aunque la participación femenina creció, el análisis identifica diferencias en la distribución de los cargos: las mujeres se concentran principalmente en los grados más bajos, mientras que los grados 4 y 5 continúan siendo mayoritariamente ocupados por varones.

En los niveles superiores, el póster registra que las mujeres ocupan 2 de los 14 cargos de grados 4 y 5, frente a 12 ocupados por varones. También señala diferencias en la distribución de cargos efectivos e interinos.

En cuanto a los posgrados, el trabajo muestra una participación mayoritaria de mujeres en los ingresos y egresos de la Maestría en Ciencias Ambientales y del Programa de Especialización en Ciencias Ambientales. En el Doctorado en Ciencias Ambientales, correspondiente al nivel más reciente, la distribución registrada es de 50 % de mujeres y 50 % de varones al ingreso, y de 40 % y 60 %, respectivamente, en los egresos.

El póster concluye que las brechas de género se mantienen en la estructura académica y plantea la necesidad de fortalecer las políticas institucionales que promuevan una participación equitativa en los espacios de decisión y desarrollo profesional.

Departamento de Geografía: experiencias, desafíos y trayectorias de las mujeres

El Departamento de Geografía presenta un trabajo centrado en las experiencias de las mujeres en la investigación, la docencia y la formación universitaria, así como en las particularidades de las trayectorias de quienes provienen de otros países.

Según los datos del póster, las mujeres representan el 55 % del cuerpo docente del Departamento de Geografía y el 41 % de las personas egresadas de Geografía en la Universidad de la República. Entre las egresadas que provienen de universidades extranjeras, representan el 52 %.

Además de estos indicadores, el trabajo recoge testimonios anónimos que permiten reconocer experiencias vinculadas a la desvalorización de las opiniones de las mujeres en espacios académicos, los estereotipos de género y las dificultades para obtener reconocimiento profesional. 

Un punto de partida para la reflexión colectiva

La muestra permitió reunir distintas miradas sobre la situación de género en la Facultad de Ciencias. Aunque los institutos presentan realidades particulares, los trabajos identifican desafíos compartidos: las diferencias en las trayectorias académicas, la menor presencia de mujeres en los cargos de mayor jerarquía y la necesidad de mejorar el conocimiento de los mecanismos institucionales de prevención y abordaje de la violencia, el acoso y la discriminación.

La presentación de estos diagnósticos constituye una oportunidad para poner en común la información disponible, reconocer avances y continuar trabajando en la construcción de una comunidad académica más equitativa e inclusiva.

  

El hall de la Facultad de Ciencias se vio colmado de egresados/as, familiares y amistades para disfrutar de la entrega de medallas a quienes culminaron sus estudios de grado y posgrado en 2025.

El acto tuvo lugar el jueves 22 de octubre, con la apertura de la ceremonia por parte del Decano de Facultad de Ciencias, Juan Cristina.

La ceremonia contó con un interludio que dio paso a la participación del Coro de la Facultad de Ciencias, que deleitó a los presentes con tres interpretaciones.

En esta oportunidad egresaron 115 estudiantes de grado y 135 de posgrado de las distintas opciones de formación que ofrece la Facultad de Ciencias, en algunos casos compartidas con otros servicios universitarios e instituciones como es el caso del PEDEClBA.

Es importante recordar que aquellos egresados/as, que por diferentes motivos no asistieron a la ceremonia, pueden pasar a retirar sus medallas por la oficina de Decanato, de lunes a viernes de 10.00 a 16.00 h.

Entrega de medallas en la Sede Rivera

La celebración de los egresos también tuvo lugar el viernes 23 de octubre en la Sede Rivera del Cenur Noreste, donde se realizó la entrega de medallas a egresados y egresadas de la carrera de Recursos Naturales.

La actividad contó con la presencia del decano de la Facultad de Ciencias, Juan Cristina; el director de la Sede Rivera, Gabriel Freitas; la directora del Cenur Noreste, Isabel Barreto; y María Salhi, en representación de la coordinación de las carreras de Recursos Naturales.

 

Fotografía: Pablo Pena.

Durante octubre se conmemora el mes de los murciélagos, una campaña regional orientada a valorarlos y protegerlos. La propuesta surgió desde la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM), tomando como punto de partida el 1 de octubre, Día Latinoamericano y del Caribe de los Murciélagos. A lo largo de todo el mes, se llevan a cabo actividades de divulgación y extensión con el objetivo de acercar a la población al conocimiento de estos animales.

En Uruguay, el Programa para la Conservación de Murciélagos (PCMU) reúne a estudiantes de grado y posgrado de la Facultad de Ciencias, docentes y personas vinculadas al Museo Nacional de Historia Natural, entre otros investigadores. Los integrantes trabajan desde distintas áreas, como la virología, la ecología, la genética y la acústica, pero comparten el mismo objetivo de contribuir a la conservación de los murciélagos y combatir los prejuicios que existen alrededor de ellos.
En el país existen más de dos decenas de especies registradas y, aunque suelen estar rodeadas de mitos y temores, cumplen un papel fundamental en los ecosistemas.

 

Las especies registradas

Actualmente se conocen 24 especies de murciélagos en Uruguay, aunque los investigadores consideran que podrían existir más. La mayoría son insectívoras, es decir, se alimentan de insectos. También existen especies frugívoras, que consumen frutas, y una especie conocida por alimentarse de sangre, el murciélago vampiro.

La asociación entre murciélagos y vampiros es uno de los principales mitos que rodean a estos animales. Ya que la enorme mayoría de las especies no se alimenta de sangre. En Uruguay, solo una especie tiene este tipo de alimentación, y es conocida como el vampiro común (Desmodus rotundus) o como se le llama localmente, el vampiro de Azara.

Murciélago vampiro (Desmodus rotundus) Fotografía tomada por Germán Botto en Uruguay


Las amenazas que enfrentan

A pesar de su importancia ecológica, algunas especies de murciélagos se encuentran bajo amenaza. Entre las principales causas de esto aparecen actividades vinculadas con la acción humana. Una de ellas es la pérdida y fragmentación del hábitat, provocada por la expansión de la agricultura, la ganadería y las ciudades. La transformación de los ambientes naturales reduce los espacios disponibles para las distintas especies.

Otro problema que se encuentra bajo estudio es el impacto de los parques eólicos. Debido a que los murciélagos se desplazan por el aire, pueden colisionar con las aspas de los aerogeneradores. Según explicó Juan Manuel Diaz, integrante y coordinador general del PCMU, los estudios realizados sobre mortalidad en parques eólicos han encontrado cifras importantes, pero algunas especies resultan más afectadas que otras debido a sus hábitos de vuelo.

 

La murciélagos y la rabia

La asociación entre los murciélagos y la rabia es otro de los factores que genera temor hacia estos animales. Según explicó Díaz, el virus puede estar presente en distintas especies, aunque esto no significa que todos los murciélagos estén infectados ni que la probabilidad de encontrar uno con rabia sea elevada.

En Uruguay, uno de los antecedentes más importantes ocurrió en 2007, cuando se registró un brote de rabia en el norte del país asociado al vampiro común. Esta especie se alimenta habitualmente de sangre de ganado, lo que puede propiciar la transmisión del virus a animales domésticos y de producción.

Sin embargo, la presencia del virus no se limita a los vampiros. También se han detectado variantes de rabia asociadas al murciélago cola de ratón (Tadarida Brasiliensis), lo que puede respaldar que estos también actúan como reservorios del virus. Esto es relevante porque significa que la especie no es solo un hospedero casual. Otro detalle a mencionar es que también se ha encontrado el virus en otras especies insectívoras. A pesar de esto, el especialista señaló la importancia de distinguir entre que el virus circule en distintas especies y la probabilidad de encontrar un ejemplar infectado. Advirtió que los resultados de algunos análisis deben interpretarse teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encuentran los animales. Por ejemplo, un murciélago que es hallado con un comportamiento inusual o mismo en el suelo, en un entorno urbano, puede ya estar atravesando una enfermedad. Por lo tanto, estudiar únicamente a este tipo de ejemplares no permite establecer qué proporción de toda la población verdaderamente está infectada ni si existirán nuevos brotes.

Murciélago cola de ratón (Tadarida brasiliensis) Fotografía tomada por Germán Botto en Uruguay

 

¿Qué hacer si encontramos un murciélago en casa?

Los murciélagos son animales silvestres y su manipulación requiere precauciones. Por eso, el entrevistado recomienda evitar el contacto directo, especialmente cuando no se cuenta con experiencia en el manejo de fauna silvestre.

Si un murciélago entra en una vivienda y no queda otra que sacarlo, la primera medida a tomar es abrir las ventanas y las cortinas, apagar las luces y dejarle espacio para que pueda salir por sus propios medios. Si el animal no se retira, es importante no entrar en contacto de forma directa. Lo que se puede hacer en estos casos es agarrar una caja chica, ponerla sin la tapa por encima del animal, por debajo deslizar una cartulina o algo lo suficientemente grueso para que no se doble, y ahí dar vuelta la caja con el murciélago dentro. Una vez se logra esto, es importante dejarlo reposar en una superficie fuera del alcance de las mascotas y elevada, ya que casi ninguna especie puede volar desde el suelo.

Conocer estas precauciones permite reducir los riesgos sin recurrir a medidas que puedan perjudicar a los murciélagos. En el Mes de los Murciélagos, la divulgación y la educación ambiental se presentan como herramientas fundamentales para desarmar mitos, comprender el papel de estos animales y promover su conservación en Uruguay.

 

Agustin Amaro- Octubre 2026

Hay lugares a los que uno vuelve de una manera diferente. Para Juan Valle Lisboa, ese lugar es la Facultad de Ciencias. Allí comenzó su formación universitaria, encontró amigos que lo acompañan hasta hoy y participó de las primeras discusiones sobre el rumbo de una institución que también estaba dando sus primeros pasos. Fue, además, el lugar donde empezó a descubrir su camino académico.

El próximo 28 de octubre asumirá como decano de la Facultad de Ciencias para el período 2026-2030. Será el primer egresado de la institución en ocupar ese cargo. Su llegada al decanato es el punto de partida de una nueva etapa, pero también el resultado de un recorrido que atravesó distintas disciplinas, espacios de investigación, proyectos de formación de posgrado y responsabilidades de gestión universitaria.

Cuando recuerda sus primeros años como estudiante, no empieza por los planes de estudio ni por las materias que cursó. Habla de las dudas, los amigos, las discusiones y el entusiasmo de formar parte de una Facultad que todavía estaba construyendo su propia historia.

 

Una Facultad que también se estaba construyendo

Como a tantos estudiantes que terminan el liceo, a Juan Valle Lisboa le costaba decidir qué estudiar. Le interesaban la química y la bioquímica, una disciplina que por entonces era relativamente nueva en Uruguay. También consideró estudiar Psicología, una posibilidad que surgió de su interés por los temas que había conocido en las clases de Filosofía de sexto año.

"Me había gustado lo que habíamos visto en filosofía de sexto, que hablabas un poco de psicoanálisis, pero yo decía, bueno, es necesario un poco más. Yo lo veía como más neurobiológico y no es raro que haya terminado por ese lado", recuerda.

La Facultad de Ciencias recién comenzaba a funcionar. Su idea inicial era ingresar a Biología y después cambiarse a Bioquímica, pero las primeras experiencias universitarias lo llevaron a explorar otros caminos. Cursó materias en Facultad de Química y finalmente volvió a Ciencias. "Era un estilo intelectual y esto estaba cada vez más bueno, estaba más atractivo. Cuando nace una Facultad, es una cosa...", cuenta.

En aquellos primeros años, la Facultad funcionaba en Tristán Narvaja. La vida académica convivía con una intensa actividad estudiantil y con las discusiones sobre qué universidad querían construir. Hubo movilizaciones, ocupaciones y noches de conversaciones eternas que aún recuerda.

Allí también empezó a participar en el centro de estudiantes y, muy temprano, llegó al Consejo como representante estudiantil. "No sabía nada de nada, pero aprendí mucho", dice sobre aquellos primeros pasos en el cogobierno.

En ese ambiente trabajó con profesores como Mario Wschebor, Rubén Budelli y Gonzalo Pérez, entre otros. Recuerda el nivel de las discusiones académicas y la posibilidad de intercambiar con personas de las que todavía tenía mucho que aprender. Pero aquella etapa también estuvo marcada por los compañeros con quienes compartía grupos de estudio y que, con el tiempo, se convertirían en amigos entrañables. "Conocí un montón de gente. Fue muy masiva esa entrada y conocí varias de las personas que son amigas, y amigos de mucho tiempo".

Desde el comienzo, la Facultad fue para él mucho más que un lugar de estudio: fue un espacio de formación intelectual, vínculos y participación. Una experiencia que dejó una marca duradera en su manera de entender la vida universitaria: aprender con otros, discutir, involucrarse y construir espacios que todavía no existen.

 

De las moléculas a las redes neuronales

Su trayectoria académica tampoco siguió una línea recta. En 1994 se presentó a un concurso para ingresar como docente y obtuvo un cargo de grado 1. Después comenzó la maestría, avanzó hacia el doctorado y, en el camino, atravesó períodos de incertidumbre laboral y académica.

Antes de dedicarse a estudiar los procesos cognitivos, su formación estuvo más cerca de la bioquímica y de los procesos celulares. Realizó una pasantía en Medicina y allí desarrolló su trabajo de grado, en contacto con investigadores de otras áreas. Sin embargo, el interés por comprender cómo funciona el cerebro y cómo se relaciona con el pensamiento y el aprendizaje fue ganando terreno.

La oportunidad de explorar ese camino apareció a partir de una conversación con un profesor de biofísica que lo acercó al estudio de las redes neuronales, previo a la irrupción de herramientas de inteligencia artificial. El trabajo con modelos computacionales le permitió conectar sus conocimientos de las ciencias biológicas con nuevas preguntas sobre la cognición. "Yo empecé con estudiar cosas muy de la célula, pero me tiraba al otro, de cómo funciona el cerebro".

Durante el doctorado, como les sucede a muchos investigadores, atravesó un momento de desánimo. El impulso para retomar el camino llegó de la mano de colegas y estudiantes con quienes comenzó a explorar nuevas preguntas sobre la cognición. Álvaro Cabana y Camila Zugarramurdi fueron parte de ese proceso, que los llevó a encontrar un espacio de investigación en la Facultad de Psicología.

Allí pasó algunos años que considera fundamentales para su desarrollo académico. Trabajó junto a investigadores de la psicología y la educación, impulsó propuestas de formación, dirigió proyectos y participó en la creación de espacios de investigación interdisciplinaria.

Entre esas iniciativas se encuentran el Centro Interdisciplinario en Cognición para la Enseñanza y el Aprendizaje, las escuelas internacionales y distintos proyectos vinculados con el aprendizaje y los procesos cognitivos.

Actualmente, dirige la Maestría en Ciencias Cognitivas, un espacio que permite articular perspectivas y herramientas de distintas disciplinas para abordar problemas complejos.

Cuando mira hacia atrás, reconoce en ese recorrido experiencias que le generan satisfacción: haber contribuido a construir ámbitos de investigación y formación que antes no existían.

La interdisciplina también le enseñó a trabajar con otros, construir redes e identificar oportunidades. Y, sobre todo, a reconocer que las preguntas más interesantes no siempre respetan las fronteras entre las áreas del conocimiento.

 

Conocer la Universidad desde adentro

Su relación con la Facultad de Ciencias no se limitó a su formación como estudiante ni a su trabajo académico. También conoció de cerca la gestión universitaria y las decisiones que hacen posible el funcionamiento de una institución

Durante el decanato de Ehrlich se desempeñó como asistente académico, con responsabilidades vinculadas al presupuesto. Eran los años de la crisis económica de 2002 y buena parte de su trabajo consistía en encontrar formas de sostener proyectos y responder a las necesidades de la institución en un contexto de recursos muy limitados.

De aquella etapa conserva el recuerdo de docentes, funcionarios y equipos de administración con quienes compartió problemas cotidianos y conversaciones que excedían las tareas formales. Algunos de esos vínculos venían de mucho antes, de las discusiones sobre política universitaria que había vivido en Tristán Narvaja como estudiante.

También integró comisiones de coordinación, participó en la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad y fue consejero docente. Esos espacios le permitieron conocer distintos niveles de la institución y entender cómo se conectan la actividad académica, las decisiones presupuestales y la gestión administrativa.

A eso se suma el trabajo desarrollado en ámbitos interdisciplinarios, que amplió su conocimiento sobre otras facultades, otras formas de organizar la enseñanza y la investigación, y diferentes maneras de vincular la Universidad con la sociedad.

Esa experiencia acumulada alimenta una de sus principales convicciones de cara al decanato: la Facultad de Ciencias tiene capacidades que todavía están lejos de alcanzar todo su potencial. "Tiene mucho potencial que todavía no está realizado", señala.

Para él, la formación que reciben los estudiantes de Ciencias tiene características propias que no siempre se reconocen suficientemente. Haber trabajado en otros espacios académicos le permitió valorar esa formación desde otra perspectiva y preguntarse cómo aprovechar mejor sus fortalezas, tanto dentro de la Universidad como en el resto del país.

 

Malvín Norte: una responsabilidad que va más allá de la Facultad

Fortalecer el vínculo entre la Facultad de Ciencias y la sociedad es uno de los objetivos que Valle Lisboa quiere impulsar durante su gestión. Para eso, propone ampliar las formas de extensión, promover acuerdos con organismos públicos y empresas, y generar oportunidades para que la investigación se desarrolle también en ámbitos externos a la Universidad.

Una de las experiencias que menciona como referencia es un acuerdo vinculado con la Maestría en Ciencias Cognitivas y Ceibal, que permite que estudiantes realicen sus trabajos de investigación dentro de esa institución, con orientación académica de equipos universitarios.

Su intención es explorar iniciativas similares con ministerios y otros organismos públicos. La idea es que la formación de posgrado pueda desarrollarse en contacto con problemas concretos, de modo que la investigación aporte conocimiento y, al mismo tiempo, contribuya a fortalecer las capacidades de las instituciones.

También considera necesario profundizar la relación con el sistema educativo, promover la formación científica de los docentes y generar nuevas oportunidades para que egresados de Ciencias puedan dedicarse a la enseñanza.

Pero el vínculo con la sociedad tiene, además, una dimensión territorial que considera inseparable de las responsabilidades universitarias.

La Facultad está ubicada en Malvín Norte, un barrio en el que conviven instituciones universitarias, espacios de investigación y distintas necesidades de desarrollo urbano y social. Para Valle Lisboa, no alcanza con que esas instituciones compartan un territorio: es necesario que construyan una estrategia común. "Parte de los problemas del barrio son problemas de la universidad", plantea.

Su propuesta es trabajar con la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Vivienda, el Instituto Pasteur, el Instituto Superior de Educación Física y otros actores de la zona para impulsar un proyecto de desarrollo urbano que contemple viviendas, espacios recreativos, actividades deportivas y oportunidades para la investigación y el desarrollo tecnológico.

La iniciativa también podría incluir empresas, incubadoras y parques tecnológicos, con el objetivo de conectar las capacidades académicas con nuevas oportunidades de desarrollo para el barrio.

Cuando habla de este tema, su tono se vuelve especialmente enfático,marcando una transformación concreta por la que espera poder responder al finalizar su mandato. "O sea que Malvín Norte no puede quedar así. Y si cuando termine mi mandato quedó así, es que fracasé", afirmó.

La frase resume una manera de entender la responsabilidad universitaria: donde desde sus capacidades específicas, también deben contribuir a mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

 

Cambiar de carrera no siempre es fracasar

La enseñanza es otro de los asuntos que más le preocupan. En particular, cómo acompañar a quienes ingresan a la Universidad, ayudarlos a elegir con más información y generar condiciones que favorezcan la continuidad de sus estudios.

Para Valle Lisboa, el abandono universitario no puede explicarse únicamente por dificultades académicas o por una formación insuficiente al terminar la enseñanza media. También es necesario reconocer que muchos jóvenes llegan a la Universidad sin haber tenido oportunidades suficientes para explorar distintas opciones y conocer qué implica cada carrera.
"Porque el Uruguay es muy malo formando a la gente para tomar decisiones vitales", sostiene.

Su propia historia le permite reconocer ese proceso. Antes de elegir Bioquímica, había considerado otras disciplinas y explorado distintos caminos. Esa búsqueda, entiende, no fue una pérdida de tiempo, sino parte de la construcción de su trayectoria.

También recuerda a amigos que comenzaron estudiando en Ciencias, cursaron uno o dos años y después cambiaron de carrera, con resultados muy buenos en sus nuevos recorridos profesionales. "Entonces capaz que hay que cambiar un poco la mirada en esto, de decir, bueno, lo que la gente precisa es como un espacio para saber de qué va y para tomar decisiones informadamente".

A partir de esa idea, propone explorar formas de coordinación entre carreras, especialmente en el área de las biociencias. Biología, Biología Humana, Bioquímica y Biotecnología comparten contenidos y trayectos formativos que podrían reconocerse de una manera más sistemática. También existen coincidencias con los primeros años de otras facultades, como Medicina, Química, Veterinaria y Agronomía.

La propuesta consiste en explorar mecanismos similares a los ciclos iniciales optativos, que permitan coordinar créditos y reconocer aprendizajes entre distintas carreras y facultades.
El objetivo es que los estudiantes puedan explorar otras opciones sin tener que empezar de cero cada vez que cambian de rumbo. Para eso será necesario construir acuerdos con otras áreas de la Universidad y revisar cómo se organizan los trayectos formativos. "Y entonces no verlo como una pérdida, sino ver, bueno, cómo hacemos para que esos espacios sean útiles".

A esa discusión se suma otra preocupación: cómo se enseña. La menor asistencia a las clases teóricas, el uso de clases grabadas y los nuevos hábitos de estudio plantean la necesidad de revisar las prácticas docentes y analizar qué herramientas favorecen el aprendizaje.

En ese escenario, la inteligencia artificial y el manejo de datos ocupan un lugar central. Valle Lisboa considera que la Universidad debe discutir cómo integrar esas herramientas a la formación, en lugar de limitarse a prohibirlas o ignorar sus posibilidades. "Creo que tenemos que formar a la gente para eso, para usarlo más, para ser los mejores con esto", afirma.

El desafío consiste en aprovechar la capacidad de estas tecnologías sin perder el conocimiento necesario para utilizarlas críticamente. Para él, las herramientas pueden aumentar la productividad y abrir nuevas posibilidades, pero su aprovechamiento depende de la formación de quienes las utilizan.

Por eso considera necesario revisar contenidos, metodologías y actividades prácticas, y promover una discusión colectiva sobre cómo enseñar en un contexto tecnológico que cambia rápidamente.

 

Hacer ciencia también requiere mejores condiciones
La investigación es otro de los pilares de su propuesta. Valle Lisboa entiende que la Facultad necesita fortalecer las condiciones materiales y organizativas que permitan desarrollar el trabajo científico, con especial atención al equipamiento y a la gestión de los recursos compartidos.

No alcanza con disponer de instrumentos: también es necesario contar con personal técnico especializado que se ocupe de su funcionamiento y mantenimiento. De esa manera, los docentes e investigadores pueden dedicar más tiempo a la investigación, la enseñanza y la formación.

También considera importante identificar oportunidades de financiamiento para equipamiento de mayor escala. Entre los ejemplos que menciona está la resonancia magnética funcional, una tecnología que permite estudiar la actividad cerebral y que podría ampliar las posibilidades de investigación en áreas vinculadas con las ciencias cognitivas. La propuesta incluye, además, fortalecer los vínculos entre la Facultad y los espacios de investigación que funcionan en otras áreas de la Universidad.

Valle Lisboa señala que existen equipos y centros interdisciplinarios con una participación importante de investigadores formados en Ciencias. Considera que esos vínculos podrían traducirse en más oportunidades de docencia, formación e investigación compartida, y en una mayor presencia de esas capacidades dentro de la propia Facultad.

El objetivo es evitar el aislamiento institucional y aprovechar mejor los recursos científicos existentes en la Universidad. Esa preocupación también se conecta con su propuesta para Malvín Norte: acercar instituciones, reunir capacidades y generar espacios de trabajo compartido, en lugar de mantener iniciativas que funcionan de manera independiente unas de otras.

 

Una Facultad que pueda discutir su futuro

Para llevar adelante estas propuestas, Valle Lisboa sabe que no alcanza con definir prioridades. Será necesario construir equipos, escuchar a los distintos sectores y generar acuerdos que permitan sostener el trabajo durante los cuatro años de gestión.

Su planteo contempla el trabajo con el Consejo, las comisiones, los institutos, los equipos docentes y los asistentes académicos. También quiere promover espacios de intercambio que permitan discutir asuntos que trascienden la agenda cotidiana de la gestión.

Le interesa, en particular, generar instancias de discusión colectiva sobre temas como la enseñanza, la inteligencia artificial, la divulgación científica y los problemas de convivencia. Considera que estas conversaciones pueden ayudar a construir una visión compartida sobre los desafíos de la Facultad.

En esa búsqueda, reconoce el valor de los espacios horizontales en los que las personas pueden expresar dudas, desacuerdos y propuestas sin temor a ser descalificadas.

Su propia experiencia universitaria estuvo marcada por esa posibilidad de discutir con personas de distintas generaciones y responsabilidades. Recuerda, por ejemplo, su participación en la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad, cuando era un docente de grado 2 que discutía con profesores de grado 5 y decanos. "Cuando fui a la Comisión Programática Presupuestal de la Universidad, como delegado docente, yo era de grado 2, y me peleaba con los grados 5 y los decanos, sin problema", asegura.

Lo importante, para él, no es que todos piensen igual, sino que existan condiciones para expresar posiciones, fundamentarlas y construir decisiones a partir del intercambio. "A mí me gusta que la gente pueda decir lo que quiere, sin violencia", afirma.

Esa disposición también se relaciona con una preocupación por la comunicación institucional. Considera que la Facultad necesita fortalecer tanto la manera en que se comunica con la sociedad como la circulación de información dentro de su propia comunidad.

La divulgación científica, las redes sociales, la comunicación con los centros educativos y las actividades destinadas a acercar la ciencia a niños y jóvenes forman parte de ese desafío. Para Valle Lisboa, es importante que más personas conozcan la Facultad, sus carreras y las posibilidades profesionales que ofrece.

La tarea, entiende, comienza antes del ingreso universitario. Implica trabajar con el sistema educativo, generar oportunidades de acercamiento temprano y contribuir a que estudiar ciencias sea reconocido como un camino posible.

 

El desafío de volver a su Facultad

Asumir el decanato supone también una decisión personal. Valle Lisboa sabe que deberá dedicar buena parte de su tiempo a la gestión y que eso modificará el lugar que ocupa la investigación en su vida cotidiana. Aunque prevé mantener parte de su actividad académica, reconoce que el cambio implica dejar en segundo plano algunas posibilidades de desarrollo de su propia línea de trabajo. "Tomar este camino es como una especie de renuncia al otro", explica.

La decisión viene acompañada de dudas. Se pregunta si podrá concretar las transformaciones que se propone, si logrará que las iniciativas se sostengan y si, al finalizar el mandato, podrá reconocer avances significativos.

En ese proceso aparece una sensación que identifica con el síndrome del impostor, frecuente en el ámbito científico: la percepción de no estar a la altura de las responsabilidades que uno asume, aun cuando haya construido una trayectoria que lo respalde. "Y también el temor de, efectivamente, voy a poder hacer algo, o es simplemente un saludo a la bandera, termina el decanato y no dice nada", reflexionó.

Frente a esas dudas, apuesta a trabajar con honestidad, dedicación y disposición a escuchar. Sabe que la gestión universitaria implica tomar decisiones en un escenario complejo y que no todas las iniciativas tendrán los resultados esperados.

También tiene claro que no quiere construir una gestión rodeada únicamente de voces que confirmen sus propias ideas. Reconocer los errores, escuchar otras perspectivas y generar espacios de discusión son parte de la manera en que espera asumir esa responsabilidad.

Cuando habla de la Facultad, aparece una y otra vez el recuerdo de quienes contribuyeron a construirla. En particular, destaca a las generaciones que impulsaron instituciones que entonces no existían y que transformaron el sistema científico uruguayo.

Recuerda a Mario Wschebor y su capacidad de proyectar la Facultad más allá de sus propios límites, como una herramienta para contribuir a cambiar el país a través de la Universidad. También menciona a Ricardo Ehrlich, a quien reconoce por su capacidad para generar ideas y abrir caminos. "Se animaron a crear, vos pensá que no había una facultad de ciencias, no había un Pasteur, no había CSIC, no había un Pedeciba, toda esa generación creó todo esto", afirma.

De esas experiencias recupera la ambición de pensar en grande, la curiosidad intelectual y la voluntad de construir instituciones que amplíen las posibilidades de las generaciones siguientes. No pretende necesariamente dejar una marca personal ni repetir lo que hicieron quienes lo precedieron. Le gustaría, más bien, contribuir a que esa capacidad colectiva siga produciendo resultados. "Si yo pudiera hacer un 10% de lo que hizo Mario, tomo", reflexiona.

En esa frase conviven la admiración por quienes construyeron la Facultad y la conciencia de la responsabilidad que está por asumir. También aparece una forma de entender el trabajo universitario: como una tarea colectiva, en la que cada generación recibe algo construido por otras y tiene la oportunidad de ampliarlo.

Al pensar en los próximos años, Valle Lisboa no esconde que el cambio le genera temor. Pero, por encima de las dudas, está el entusiasmo por volver a un lugar que conoce desde distintos momentos de su vida y al que sigue sintiendo como propio. "Me da un poco de temor, me entusiasma, me entusiasma el desafío de, bueno, mi facultad".

El 28 de octubre comenzará una nueva etapa. Su desafío será articular las capacidades de la Facultad de Ciencias, fortalecer su vínculo con la sociedad y generar nuevas oportunidades para la enseñanza y la investigación. No como una tarea individual, sino como parte de una construcción colectiva que, para él, empezó mucho antes de asumir el decanato.

 

*Juan Valle Lisboa es Profesor Titular de Biofísica y Biología de Sistemas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar), Uruguay, y Director del Centro Interdisciplinario en Cognición para la Enseñanza y el Aprendizaje (CICEA). Coordina además la Maestría en Ciencias Cognitivas de la Udelar, un programa interdisciplinario en el que participan las facultades de Ciencias, Psicología e Ingeniería, junto con investigadores de otras áreas de la Universidad. Actualmente dirige el Instituto de Biología de la Facultad.

Su investigación se centra en las bases cognitivas, neurobiológicas y computacionales del aprendizaje, con especial énfasis en lectura, lenguaje y aprendizaje de la matemática. Su trabajo combina enfoques de las ciencias cognitivas, la neurociencia, la psicología experimental y el aprendizaje automático, incluyendo estudios conductuales, EEG y modelos basados en redes neuronales profundas. Una parte importante de su actividad está orientada a vincular la investigación básica sobre cognición y aprendizaje con problemas educativos y al desarrollo de iniciativas interdisciplinarias en ciencias cognitivas en Uruguay y América Latina

 

Manuela Pereira- Octubre 2026

Una antena de comunicaciones satelitales de la Estación Terrena de Manga (ETM) logró detectar la emisión en radio de la Nebulosa del Cangrejo, ubicada a unos 6.500 años luz de la Tierra. El resultado se obtuvo en el marco del proyecto PAIE “Escuchando el cosmos: Radioastronomía en Manga”, impulsado por estudiantes de las licenciaturas en Astronomía y Física de la Facultad de Ciencias. El logro constituye un hito en la reconversión de antenas en desuso para la investigación radioastronómica.

Iniciado en abril de este año, el proyecto busca caracterizar el apuntamiento de dos antenas de la ETM, anteriormente utilizadas por Antel para comunicaciones satelitales. La precisión en esta orientación es fundamental para la radioastronomía, ya que las señales que se busca detectar suelen tener niveles muy bajos. Por ello, conocer las características del equipamiento disponible y optimizar su funcionamiento resulta esencial para transformar estas antenas en radiotelescopios.

Para avanzar en este objetivo, el equipo, integrado por Bruno Rosa, Iris Gomez, José Furtado y Facundo Alanis, desarrolló herramientas de software e introdujo mejoras instrumentales que permitieron aumentar la precisión del apuntamiento. Entre los aspectos destacados de la experiencia se encuentra el uso de un radiómetro construido por el docente orientador, Manuel Caldas, a partir de componentes de radiofrecuencia de bajo costo, adaptados a la antena.

La Nebulosa del Cangrejo, también conocida como Tau A, es una fuente astronómica que emite ondas sincrotrónicas, generadas por partículas cargadas que se desplazan a velocidades relativistas en campos magnéticos. Ampliamente estudiada y caracterizada, se utiliza habitualmente como referencia para calibrar el flujo de otras fuentes de radio.

Su detección con una antena de la ETM permitió registrar la señal de una fuente astronómica más allá del Sol y la Luna. El resultado representa un avance significativo para la radioastronomía en Uruguay y demuestra el potencial científico de la infraestructura recuperada.

 

Nuevas oportunidades para la investigación y la formación

La iniciativa abre nuevas perspectivas para el desarrollo de la radioastronomía en el país. La disponibilidad limitada de instrumentación adecuada ha sido uno de los principales obstáculos para realizar este tipo de observaciones en el ámbito universitario. En este contexto, la reconversión de las antenas amplía las posibilidades de investigación y ofrece oportunidades de formación práctica: los estudiantes participan directamente en el desarrollo de software, las mejoras instrumentales y la implementación de técnicas de observación.

El proyecto también se inscribe en los esfuerzos por recuperar infraestructura en desuso y ponerla al servicio de la investigación científica y la formación de recursos humanos. En esa línea, el Convenio Marco para la puesta en marcha del Polo de Tecnologías Espaciales, suscrito por el Ministerio de Industria, Energía y Minería, Antel y las tres universidades públicas (Udelar, UTEC y UTU), busca fortalecer el sector espacial nacional y promover iniciativas de investigación, innovación y desarrollo tecnológico.

El acuerdo abarca un amplio conjunto de actividades, desde la observación de la Tierra y el desarrollo de hardware hasta la radioastronomía y el aprovechamiento científico de datos espaciales. De este modo, ofrece un marco para impulsar nuevas líneas de investigación y fortalecer la articulación entre las instituciones públicas, la formación universitaria y el desarrollo científico y tecnológico del país.

 

Próximos pasos: observar el hidrógeno neutro y fenómenos transitorios

Como próximo hito, el equipo prevé avanzar en la reconversión de la antena 3A, de 16,4 m de diámetro, para realizar observaciones en banda L, que abarca aproximadamente el rango de 1-2 GHz. Esta banda incluye la línea espectral de 21 centímetros del hidrógeno neutro, situada en los 1420 MHz, una herramienta fundamental para estudiar y cartografiar el gas neutro del medio interestelar.

Las capacidades que se espera desarrollar también podrían abrir nuevas posibilidades para investigar fenómenos transitorios, como las ráfagas rápidas de radio (FRB, por su sigla en inglés), y observar púlsares.

Estos avances permitirían ampliar las capacidades de investigación radioastronómica en Uruguay, aprovechar la infraestructura tecnológica existente y consolidar una nueva área de trabajo científico que combine investigación, innovación y formación de estudiantes.

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